Artículo de William Cinéa — Fundador de Botapreneurs, del Jardin Botanique des Cayes y del programa Plant Mastery.

Los datos botánicos no son solo información sobre las plantas. Son una memoria viva. Cuentan la historia de la evolución, de la alimentación, de la salud, de la agricultura, de los ecosistemas, de los animales, de las moléculas y de las relaciones profundas entre la humanidad y la naturaleza.

Hoy, hablamos mucho de datos, de inteligencia artificial, de bases digitales, de modelos, de tokens y de tecnologías capaces de analizar inmensas cantidades de información. Pero antes incluso de la informática, antes de los laboratorios modernos, antes de las bases de datos mundiales, las plantas ya producían datos. Registraban en sus formas, sus colores, sus moléculas, sus semillas, sus adaptaciones y sus relaciones con los demás seres vivos una historia construida durante millones de años.

La pregunta no es por tanto solo: ¿cómo usar los datos sobre las plantas? La verdadera pregunta es: ¿cómo aprender a descifrar esta inmensa inteligencia vegetal para tomar mejores decisiones?

Las plantas están entre los seres vivos más importantes del planeta. Captan la energía solar, transforman el agua, los minerales y el dióxido de carbono en materia viva, producen oxígeno, alimentan a los humanos y a los animales, protegen los suelos, regulan los ecosistemas y fabrican una diversidad extraordinaria de moléculas. Una planta no es solo un organismo que nombramos en una flora. Es un sistema vivo que produce, se adapta, se defiende, atrae, comunica, resiste y transmite.

Más allá del nombre: una botánica multidimensional

Durante mucho tiempo, la botánica organizó sobre todo las plantas a través de los nombres científicos, las familias, los géneros, las especies, los herbarios, las descripciones, las recolecciones y las clasificaciones. Este trabajo sigue siendo fundamental. Sin taxonomía, no hay conocimiento sólido. Sin nombre correcto, se vuelve difícil hablar de una planta, compararla, protegerla o usarla con responsabilidad.

Pero hoy, la botánica debe ir más lejos. El siglo XXI necesita una botánica capaz de conectar los datos visibles e invisibles de las plantas: sus usos, sus moléculas, sus relaciones ecológicas, sus estrategias de adaptación, sus papeles en la salud, su contribución a la alimentación, su importancia para la conservación y su potencial para la innovación.

Es esta visión la que Botapreneurs llama una botánica multidimensional.

Un dato botánico puede ser el nombre de una planta. Pero puede ser también su olor, su color, su forma, su látex, su período de floración, su hábitat, su interacción con una abeja, su uso por una comunidad, su efecto tóxico, su molécula activa, su papel en un suelo, su capacidad de resistir la sequía o su lugar en la historia de un ecosistema.

Los datos etnobotánicos: la memoria de los usos humanos

Los datos etnobotánicos están entre los más antiguos. Conciernen a la manera en que los humanos han usado las plantas para alimentarse, curarse, construir, perfumar, colorear, celebrar, protegerse o sobrevivir. Los pueblos han observado las plantas durante generaciones. Han aprendido qué hojas podían comerse, qué raíces eran peligrosas, qué cortezas eran útiles, qué semillas alimentaban, qué plantas curaban, qué plantas envenenaban y qué plantas debían usarse con prudencia.

Estos saberes no deben tratarse como simples anécdotas. Son datos culturales, biológicos, médicos, alimentarios e históricos. Pueden ayudar a los investigadores, los médicos, los nutricionistas, los agricultores, los emprendedores, los jardines botánicos y las comunidades a comprender mejor el potencial de un territorio. Pero deben también protegerse con ética, respeto y responsabilidad, porque pertenecen a menudo a comunidades que los han conservado durante generaciones.

Los datos zoofarmacológicos: lo que los animales nos revelan

Existen también datos que los animales mismos nos dan. La zoofarmacognosia estudia la manera en que ciertos animales usan las plantas, los minerales u otros elementos naturales para curarse o reducir ciertos problemas de salud. Se reporta, por ejemplo, que primates, elefantes u otros animales pueden consumir ciertas plantas en contextos particulares. Estos comportamientos muestran que las relaciones entre plantas y salud no conciernen solo al ser humano. Los animales también pueden revelarnos pistas de observación sobre las propiedades, los efectos o los papeles de ciertas especies.

Estos datos son valiosos. Abren otra manera de mirar la naturaleza. Si un animal selecciona una planta en un momento preciso, en un contexto preciso, con un comportamiento particular, eso puede convertirse en una pregunta científica. ¿Por qué esta planta? ¿Por qué esta parte? ¿Por qué en este momento? ¿Qué compuestos contiene? ¿Qué efecto puede tener? La naturaleza se convierte entonces en una biblioteca abierta, pero una biblioteca que exige rigor, prudencia y método.

Los datos de la evolución

Los datos de la evolución son otra dimensión fundamental. Las plantas no adquirieron su diversidad de un día para otro. Evolucionaron durante millones de años. Las angiospermas, es decir las plantas con flores, desarrollaron relaciones extraordinarias con los insectos, las aves, los murciélagos y otros animales. Las flores, los colores, los perfumes, el néctar, los frutos y las semillas no son solo elementos estéticos. Son estrategias de atracción, de reproducción, de dispersión y de supervivencia.

El color rojo, amarillo, blanco, morado, marrón o naranja de una flor puede estar ligado a relaciones con polinizadores. La forma de un fruto puede estar ligada a un animal que lo come y dispersa sus semillas. El perfume de una flor puede atraer a un insecto. Una espina puede desalentar a un herbívoro. Un látex puede defender a una planta. Una semilla puede esperar las buenas condiciones antes de germinar. Cada forma es un dato. Cada color es un dato. Cada estrategia es un dato.

Los datos ecológicos

Los datos ecológicos son igual de importantes. Una planta nunca vive sola. Interactúa con el suelo, el agua, el viento, el sol, los hongos, las bacterias, los insectos, las aves, los mamíferos, las demás plantas y los humanos. Puede ofrecer sombra, proteger una orilla, estabilizar un suelo, alimentar a los polinizadores, entrar en competencia con otras especies o volverse invasora cuando se la desplaza fuera de su ecosistema natural.

Comprender estas interacciones es esencial para tomar buenas decisiones. Cuando una institución planta una especie sin comprender su ecología, puede crear un problema. Cuando un país elimina plantas locales adaptadas a su clima para importar especies decorativas venidas de otra parte, puede debilitar sus ecosistemas. Cuando una comunidad ignora las plantas que protegen sus suelos, corre el riesgo de agravar la erosión. Cuando un proyecto de restauración elige las malas especies, puede producir un paisaje verde, pero ecológicamente pobre.

Los datos de adaptación

Los datos de adaptación de las plantas son igualmente esenciales. Las plantas son maestras de la adaptación. No pueden huir como los animales, pero desarrollan estrategias para sobrevivir. Algunas reducen sus hojas para limitar la pérdida de agua. Otras acumulan reservas en sus raíces o sus rizomas. Algunas producen hojas gruesas, pelos, ceras, espinas, semillas durmientes, aromas o moléculas de defensa. Otras se asocian con hongos o bacterias para obtener mejor los nutrientes.

Estas adaptaciones son informaciones que debemos estudiar. Pueden inspirar la agricultura, la restauración ecológica, la gestión del agua, la selección de las plantas, la arquitectura, el diseño, la salud y la innovación. Cuando se comprende cómo una planta sobrevive a la sequía, se comprende mejor cómo elegir las especies para un territorio amenazado por el cambio climático. Cuando se comprende cómo una planta protege sus tejidos, se pueden estudiar mejor sus moléculas. Cuando se comprende cómo una planta atrae a un polinizador, se pueden proteger mejor las relaciones ecológicas que sostienen la biodiversidad.

Los datos químicos: la frontera de las moléculas

Los datos químicos de las plantas abren otra frontera. Hoy, tenemos mucha información sobre las especies, los nombres, las familias y las clasificaciones. Pero estamos todavía al comienzo de la comprensión profunda de las moléculas vegetales. La medicina moderna se ha concentrado a menudo en algunos principios activos mayores para desarrollar medicamentos. Este enfoque ha producido descubrimientos importantes. Pero una planta no contiene solo una o dos moléculas. Puede contener cientos, a veces miles de compuestos que interactúan en su propia biología.

Estas moléculas no se producen por azar. Algunas están ligadas al crecimiento y al metabolismo primario. Otras, a menudo llamadas metabolitos secundarios o compuestos especializados, están ligadas a la defensa, a la atracción, a la comunicación, a la adaptación, a la resistencia o a las interacciones ecológicas. Las plantas producen alcaloides, terpenos, flavonoides, taninos, aceites esenciales, resinas, gomas, mucílagos y numerosos otros compuestos.

Si se considera la diversidad de las plantas conocidas y la diversidad de las moléculas que pueden producir, se comprende que estamos todavía en la génesis de la comprensión del mundo vegetal. Las plantas representan un inmenso banco de datos químicos, ecológicos, nutricionales, medicinales, agrícolas, culturales y económicos. Sin embargo, muchas especies desaparecen antes incluso de ser estudiadas en profundidad.

La paradoja de nuestra época

Es una de las grandes paradojas de nuestra época. Hablamos de ir a explorar otros planetas, pero no comprendemos todavía plenamente las plantas del nuestro. Invertimos en la inteligencia artificial, los satélites, las biotecnologías y las tecnologías espaciales, pero dejamos desaparecer especies que quizás llevan informaciones esenciales para la salud, la alimentación, la adaptación climática, la restauración de los ecosistemas o la innovación.

Esto no quiere decir que haya que rechazar la tecnología. Al contrario, la tecnología puede ayudarnos a comprender mejor las plantas. La inteligencia artificial puede analizar imágenes, herbarios, observaciones, datos químicos, datos ecológicos y datos geográficos. Las bases de datos pueden conectar los nombres científicos, los usos tradicionales, las ocurrencias, las moléculas, los hábitats y los riesgos. Los jardines botánicos pueden convertirse en centros de datos vivos, capaces de conectar las colecciones, los saberes, la conservación, la educación y la innovación.

Pero hay que usar estas herramientas con inteligencia. Cuantos más datos producimos, más creamos también sistemas digitales pesados. La inteligencia artificial y los grandes modelos exigen energía, infraestructuras y recursos. Hay que desarrollar por tanto una visión responsable de los datos botánicos: recolectar lo que es útil, organizar lo que es importante, proteger lo que es sensible y usar la información para tomar mejores decisiones.

Los datos botánicos deben servir para proteger el medio ambiente, conservar la naturaleza, mejorar la salud, reforzar la alimentación, apoyar el bienestar físico y mental, guiar la agricultura, evitar los errores de plantación, comprender mejor las especies invasoras, valorar las plantas locales y formar una nueva generación de personas capaces de observar y comprender lo vivo.

Los jardines botánicos: bancos vivos de datos

Es aquí donde los jardines botánicos tienen un papel mayor que desempeñar. Un jardín botánico no es solo un lugar donde se exponen bellas plantas. Es un banco vivo de datos. Cada planta en un jardín botánico puede llevar una historia: su nombre científico, su origen, su familia, su hábitat, sus usos, sus riesgos, su estatus de conservación, sus interacciones, su floración, sus semillas, sus posibles moléculas y su valor para la educación.

Los jardines botánicos del siglo XXI deben convertirse en plataformas de conocimientos. Deben conectar las plantas vivas con las bases de datos, las colecciones con las escuelas, los investigadores con las comunidades, los saberes tradicionales con los datos científicos, los jóvenes con los ecosistemas y la conservación con la innovación. Deben ayudar a los países a conocer mejor sus propias plantas, a proteger las especies amenazadas, a documentar los usos, a evitar las introducciones peligrosas y a formar Plant Masters.

Plant Master y Botapreneur

Un Plant Master es una persona que aprende a observar y comprender las plantas con método. No se limita a su nombre científico. Observa sus formas, sus familias, sus órganos, sus colores, sus olores, sus látex, sus hábitats, sus estrategias, sus moléculas, sus usos y sus riesgos. El Plant Master conecta los datos visibles con los datos invisibles. Comprende que cada planta puede ser una fuente de conocimiento, de prudencia, de creatividad y de solución.

Un Botapreneur es un botánico-emprendedor o un emprendedor del mundo vegetal que transforma ese conocimiento en acción. Usa los datos botánicos para crear proyectos, formaciones, productos, servicios, jardines, bases de datos, programas de conservación, iniciativas agrícolas o soluciones económicas basadas en las plantas. El Botapreneur no ve la planta solo como un recurso natural. La ve como una fuente de datos, de innovación, de responsabilidad y de desarrollo.

La nueva misión de la botánica

La nueva misión de la botánica es por tanto clara: transformar el conocimiento de las plantas en decisiones útiles para el planeta.

Necesitamos datos etnobotánicos para respetar los saberes humanos. Necesitamos datos zoofarmacológicos para comprender lo que los animales pueden revelarnos. Necesitamos datos evolutivos para comprender la historia de las plantas. Necesitamos datos ecológicos para proteger las interacciones. Necesitamos datos de adaptación para preparar los territorios al cambio climático. Necesitamos datos químicos para explorar las moléculas. Necesitamos datos de conservación para evitar las extinciones. Necesitamos datos de los jardines botánicos para conectar las colecciones vivas con la educación y la acción.

Estamos todavía al comienzo de esta comprensión.

Las plantas han producido una inteligencia biológica inmensa. Han transformado el planeta. Han hecho posible la vida humana. Siguen alimentando, curando, protegiendo, inspirando y equilibrando los ecosistemas. Pero no podrán seguir ayudándonos si seguimos ignorándolas, eliminándolas o reemplazándolas sin comprenderlas.

El siglo XXI debe ser el de una nueva botánica: una botánica de los datos, pero también una botánica del terreno; una botánica de las moléculas, pero también una botánica de las comunidades; una botánica de la inteligencia artificial, pero también una botánica de la observación; una botánica de la conservación, pero también una botánica de la innovación.

Los datos botánicos no son solo cifras, nombres o archivos. Son la memoria de lo vivo.

Y si queremos tomar mejores decisiones para la salud, la alimentación, la naturaleza, la economía y el futuro, debemos aprender a descifrar esta memoria antes de que desaparezca.