Por William Cinéa — Fundador de Botapreneurs y creador del programa Plant Mastery.
La botánica debe volver a ser una ciencia de la vida.
No debe quedarse encerrada en los laboratorios, los libros especializados o las universidades. Debe regresar a las escuelas, las familias, los jardines, las fincas, las ciudades, las comunidades, las empresas y los territorios. Porque todo el mundo usa las plantas. Las comemos, las cultivamos, las regamos, las cortamos, las importamos, las transformamos, las usamos para la salud, la decoración, la agricultura, la economía, la belleza y el bienestar. Sin embargo, muy pocas personas aprenden realmente a comprenderlas.
Una contradicción de nuestra época
Esta contradicción es uno de los grandes problemas de nuestra época. La humanidad depende de las plantas, pero se aleja cada vez más del conocimiento de las plantas. Muchas personas saben reconocer una marca comercial, una aplicación o un aparato tecnológico, pero no saben reconocer las plantas que crecen frente a su casa. Muchos niños crecen sin aprender las partes de una flor, la función de una semilla, el papel de las raíces o la importancia de las hojas. Algunas personas tienen incluso miedo de tocar las plantas. Otras ven todas las plantas espontáneas como malas hierbas que hay que eliminar.
Sin embargo, las plantas están en la base de la vida en la Tierra. Captan la energía solar, toman el agua, los minerales y el dióxido de carbono, y luego los transforman en materia viva. Alimentan a los humanos, los animales, los insectos, los microbios y los ecosistemas. Producen oxígeno, protegen los suelos, regulan los paisajes, albergan la biodiversidad y proporcionan una inmensa diversidad de moléculas utilizadas en la alimentación, la medicina, la perfumería, la cosmética, los materiales, la agricultura y la industria.
Las plantas no son simples. Son el resultado de una larga historia evolutiva. Durante millones de años, han desarrollado formas, colores, raíces, hojas, flores, frutos, semillas, aromas, látex, resinas, espinas y estrategias de adaptación. Algunas viven en las zonas secas, otras en los bosques húmedos. Algunas soportan la sal, otras crecen sobre las rocas. Algunas atraen a las abejas, las mariposas, los pájaros o los murciélagos. Otras se defienden contra los herbívoros, los hongos, las bacterias o la sequía.
Cada planta cuenta, por tanto, una historia. Una historia de suelo, de luz, de agua, de clima, de competencia, de defensa, de asociación y de reproducción. Pero para comprender esta historia, hace falta una educación botánica.
Cuando la botánica visible casi desapareció
Durante mucho tiempo, la botánica fue una ciencia de campo. El botánico observaba, tocaba, olía, comparaba, dibujaba, recolectaba, clasificaba y nombraba las plantas. Usaba sus ojos para ver las formas, sus manos para comprender las texturas, su nariz para reconocer los olores, su inteligencia para comparar las familias y su experiencia para interpretar las plantas en su medio.
Con el desarrollo de la ciencia moderna, la botánica se volvió más celular, más molecular, más genética y más especializada. Esta evolución es importante. Ha permitido comprender mejor la célula vegetal, los tejidos, la fotosíntesis, la reproducción, las moléculas, los genes y los mecanismos invisibles de la planta. Pero para el gran público, la botánica visible casi ha desaparecido.
Hoy, muchas personas pueden usar una aplicación para obtener el nombre probable de una planta. Es útil. Los teléfonos inteligentes, las bases de datos y la inteligencia artificial pueden ayudar a comenzar una búsqueda. Pero conocer el nombre de una planta no significa comprender la planta. Una aplicación puede proponer una identificación, pero no reemplaza la observación, el terreno, la comparación, la prudencia y la relación directa con la naturaleza.
Volver a enseñar la botánica
Por eso hay que volver a enseñar la botánica.
Hay que enseñarla en la escuela, por supuesto, pero también en la universidad, en casa, en los jardines botánicos, en las fincas, en las comunidades, en las empresas y en los programas de desarrollo. La botánica no debe reservarse a los futuros investigadores. Debe convertirse en una cultura general de lo vivo.
Cada niño debería aprender qué es una raíz, un tallo, una hoja, una flor, un fruto y una semilla. Cada joven debería comprender la fotosíntesis, la polinización, la germinación, la diversidad de las formas vegetales y el papel de las plantas en los ecosistemas. Cada familia debería poder reconocer algunas plantas alimentarias, medicinales, tóxicas, aromáticas o útiles de su territorio. Cada país debería conocer las plantas que fundan su salud, su alimentación, su biodiversidad y su identidad.
Volver a enseñar la botánica no es solo transmitir conocimientos científicos. Es formar ciudadanos capaces de decidir mejor. Una persona que comprende las plantas elige mejor lo que planta en su jardín. Un agricultor que comprende las plantas protege mejor su suelo. Un nutricionista que comprende las plantas valoriza mejor los recursos alimentarios locales. Un fitoterapeuta que comprende las plantas actúa con más prudencia. Un paisajista que comprende las plantas crea espacios más bellos y más ecológicos. Un responsable que comprende las plantas protege mejor los ecosistemas de su país.
Una responsabilidad botánica para cada país
Cada país tiene una responsabilidad botánica. Cada territorio posee especies nativas, especies endémicas, plantas medicinales, plantas alimentarias, plantas tóxicas, plantas aromáticas, plantas útiles para las abejas, plantas amenazadas y a veces plantas invasoras. Si un país no conoce sus plantas, corre el riesgo de descuidar lo que ya posee. Puede importar especies que no están adaptadas, destruir plantas locales valiosas, perder saberes tradicionales y debilitar su propia resiliencia.
La botánica es también una ciencia de prevención. Hoy, se habla mucho de tratamientos, pero se habla menos del papel de las plantas en la prevención. Los frutos, las verduras, las hojas, las semillas, las raíces, las especias y las plantas aromáticas contienen fibras, vitaminas, minerales y una gran diversidad de moléculas producidas por las plantas. Estas moléculas existen por una razón: algunas ayudan a la planta a defenderse, otras a atraer socios, otras a adaptarse a su entorno. Una alimentación diversificada, arraigada en las plantas locales y utilizada con conocimiento, puede sostener la salud de las poblaciones.
El Plant Master: un lector de lo vivo
Es en este contexto donde nace el concepto de Plant Master.
Un Plant Master es una persona que aprende a observar y comprender las plantas con método. No se limita a memorizar nombres científicos. Observa las formas, las hojas, las flores, los frutos, las semillas, las raíces, los látex, los olores, los hábitats, las familias botánicas, las moléculas, los usos, los riesgos y las estrategias de las plantas. El Plant Master busca comprender la planta de afuera hacia adentro: su morfología, su ecosistema, su familia, su química probable, sus interacciones y su potencial para el ser humano y la naturaleza.
El Plant Master es un lector de lo vivo.
Puede ser estudiante, agricultor, apicultor, jardinero, paisajista, nutricionista, fitoterapeuta, educador, emprendedor o simplemente un Plant Enthusiast. Lo que lo define no es solo un diploma. Es su capacidad de observar, documentar, comparar, comprender y transmitir el conocimiento de las plantas con responsabilidad.
El programa Plant Mastery, creado con esta visión, quiere ayudar a las personas a recuperar esta capacidad. No se trata solo de aprender los nombres de las plantas. Se trata de aprender a ver lo que la mayoría de la gente ya no ve: los patrones, las familias, los órganos, las estrategias, los usos, los riesgos, las relaciones y las oportunidades escondidas en el mundo vegetal.
Del saber a la acción: el Botapreneur
Pero el conocimiento no basta si no se convierte en acción. Es aquí donde interviene el concepto de Botapreneur.
Un Botapreneur es un botánico-emprendedor o un emprendedor del mundo vegetal que transforma el conocimiento de las plantas en proyectos, productos, servicios, formaciones, empresas, soluciones ecológicas o innovaciones útiles para las comunidades. El Botapreneur conecta la botánica con el emprendimiento. Ve en las plantas no solo recursos naturales, sino también datos, moléculas, usos, estrategias, oportunidades económicas y soluciones para la salud, la alimentación, la agricultura, la conservación, la educación y el desarrollo sostenible.
Una Botapreneuse porta esta misma visión. Comprende las plantas para crear, proteger, transmitir, emprender y desarrollar soluciones fundadas en lo vivo. El mundo necesita Botapreneurs y Botapreneuses, porque los grandes desafíos de nuestra época exigen personas capaces de conectar la naturaleza, la ciencia, la economía y la acción.
Mi trayectoria, mi convicción
Esta convicción viene también de mi propia trayectoria. Soy William Cinéa, botánico-emprendedor, fundador de Botapreneurs, del Jardin Botanique des Cayes y del programa Plant Mastery. Mi camino con las plantas comenzó con la observación, las tareas de botánica, las flores, los libros, las formaciones, las salidas de campo, los bosques, los jardines botánicos y los ecosistemas. La creación del Jardin Botanique des Cayes me marcó profundamente, porque me obligó a comprender las plantas no solo como especies que hay que nombrar, sino como seres vivos que hay que conservar, documentar, explicar y valorizar.
Cuanto más estudié las plantas, más comprendí una cosa: la botánica no debe morir en las aulas. Debe volver a ser una ciencia popular, práctica, rigurosa y útil. Debe hablar a los niños, a las familias, a los agricultores, a los médicos, a los docentes, a los emprendedores, a los responsables y a las comunidades.
Formar Plant Masters no es crear un título más. Es responder a una necesidad urgente. El mundo necesita personas capaces de reconocer las plantas de su territorio, de comprender las plantas alimentarias, medicinales, tóxicas, nativas, invasoras o útiles para la restauración ecológica. Necesita mujeres y hombres capaces de proteger los ecosistemas en lugar de reemplazarlos sin comprenderlos. Necesita personas capaces de transformar el conocimiento de las plantas en salud, en alimentación, en agricultura, en conservación, en innovación y en economía sostenible.
El mundo no carece solo de tecnologías. Carece también de personas capaces de comprender lo vivo.
El mundo necesita Plant Masters. El mundo necesita Botapreneurs y Botapreneuses.
Y esta transformación comienza por una decisión simple: volver a aprender a mirar las plantas, a comprenderlas, a respetarlas y a enseñarlas.
La botánica debe volver a ser una ciencia de la vida, porque las plantas sostienen la vida. Si queremos proteger el futuro, debemos volver a enseñar las plantas.
Sobre el autor — William Cinéa es botánico-emprendedor, fundador de Botapreneurs, del Jardin Botanique des Cayes y del programa Plant Mastery. Trabaja para hacer la botánica más accesible, más práctica y más útil para la salud, la alimentación, la agricultura, la conservación, la educación, la innovación y el emprendimiento vegetal.